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Darrera actualitzacióDil, 01 Ago 2022 12pm

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Antimicrobianos con menos resistencia contra hongos y parásitos

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Investigadores del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC han patentado nuevos compuestos antimicrobianos para el tratamiento de infecciones por hongos y parásitos en humanos y animales, e infecciones fúngicas en cosechas y alimentos, así como los genes responsables de las modificaciones estructurales. Las nuevas moléculas pertenecen a una familia de antimicrobianos con una tasa muy baja de resistencias, lo que les convierte en una alternativa futura muy interesante. Los investigadores buscan ahora socios industriales.

Uno de los problemas por excelencia cuando se habla de fármacos antimicrobianos es la aparición de resistencias, lo que compromete la eficacia de los tratamientos. Es algo que se repite casi siempre: la aparición de microorganismos resistentes o superresistentes a estos fármacos poco después de iniciarse su uso en clínica.

Sin embargo, hay una familia de antimicrobianos, los macrolidos poliénicos, que apenas ha generado resistencias hasta ahora. El más utilizado es la anfotericina B y se conocen otros como pimaricina, nistatina y candicidina. En los últimos 50 años varios de ellos se han usado con gran éxito como antifúngicos cuando otros tratamientos fallan. Su handicap, y la razón por la que se reservan como tratamiento de última línea de defensa, es que tienen efectos tóxicos para los mamíferos.

Un grupo de investigación liderado por Francisco Malpartida, investigador del CSIC en el Centro Nacional de Biotecnología, ha obtenido, a partir de microorganismos recombinantes, seis nuevas moléculas antimicrobianas derivadas de rimocidina y C-108, ambos de la familia de los macrolidos poliénicos. Parte del desarrollo es también el método para producir los nuevos seis compuestos mediante fermentación microbiana, basado en microorganismos recombinantes que sobreexpresan dos nuevos genes de dos cepas de bacterias del género Streptomyces.

El resultado son unos nuevos macrolidos poliénicos más específicos para el tratamiento de micosis y que, explica Francisco Malpartida, "aunque tienen una actividad algo inferior a la molécula de referencia en uso clínico (anfotericina) tienen también una toxicidad muchísimo menor por lo que la ratio final es muy atractiva".

Eficacia y solubilidad

Los nuevos antimicrobianos son eficaces frente a parásitos de los géneros Trypanosoma y Leishmania, frente a hongos patógenos humanos (Candida albicans, Candida cruzei, Aspergillus niger y Criptococcus neoformans) y frente a hongos fitopatógenos (Fusarium oxysporium, Botrytis cinerea, Rhizoctonia solani, Rhizoctonia meloni y Ustilago maydis).

La actividad antifúngica de estos compuestos es mayor que la actividad de los macrolidos poliénicos de los que proceden (rimocidina y C-108): la modificación conseguida en los laboratorios del CSIC incrementa la actividad antifúngica aproximadamente 4 veces respecto a las moléculas parentales de las que proceden).

Tienen más solubilidad en agua que los fármacos de referencia de la misma familia, lo que facilitaria su administración y biodisponibilidad

Los nuevos compuestos presentan otra ventaja: no sólo la toxicidad es menor que la toxicidad de otros polienos sino que tienen mayor solubilidad en agua que los fármacos de referencia, lo que facilitaría su administración y su biodisponibilidad. Por ejemplo, la toxicidad de CE-108B, uno de los nuevos compuestos, es aproximadamente 6 veces menor que la del polieno rimocidina, del cual se deriva, y más de 100 veces inferior a la anfotericina B, con una solubilidad en agua mil veces mayor que ésta última. Los investigadores ya los han probado sobre células de mamíferos y los resultados son prometedores.

Las moléculas podrían utilizarse por vía sistémica en sanidad humana y animal para el tratamiento de infecciones causadas por parásitos y hongos, y en el sector agroalimentario para evitar o controlar infecciones fúngicas en condiciones de almacenamiento de productos agroalimentarios (infecciones post-cosecha) y para el control de hongos que puedan desarrollarse en la superficie de alimentos, por ejemplo, derivados lácteos.

Actualmente, los investigadores buscan socios industriales del sector farmacéutico, veterinario o agroalimentario interesados en licenciar la patente de estos productos para su eventual desarrollo como compuestos farmacéuticos.

Más información:
José Manuel González Izquierdo
CSIC- OTT
Telf. 91 568 15 40
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