Crean una colección de referencia de heces de ganado para estudios arqueológicos en Menorca

Un estudio, llevado a cabo por arqueólogos en la isla de Menorca, culmina en la creación de una colección de referencia de excrementos de ganado bovino, ovino y porcino. Servirá de referencia moderna con la que poder contrastar y estudiar los restos de heces de las excavaciones arqueológicas.

Cerdos en una de las fincas de Menorca. Otoño de 2018.Entre los variados restos orgánicos e inorgánicos que los arqueólogos pueden hallar en las excavaciones están los excrementos fosilizados de animales y otros indicadores microscópicos, que pueden aportar información sobre la vida en un lugar determinado en el pasado, así como datos sobre los orígenes de la ganadería y los procesos de domesticación. Estos restos pueden dar respuesta, por ejemplo, a preguntas como qué comían esos animales, a qué especies de plantas o partes de las plantas pertenecen los restos vegetales hallados en las heces, o si padecían alguna enfermedad. También pueden esclarecer aspectos sobre la diversidad de prácticas agrícolas y ganaderas, y su impacto ecológico. 

Sin embargo, los excrementos depositados en sitios arqueológicos generalmente no son identificados y su estudio requiere material de referencia con el que poderlos comparar. A rellenar este vacío contribuye un proyecto liderado por Marta Portillo, actualmente investigadora distinguida de la Institución Milá y Fontanals de Investigación en Humanidades (IMF-CSIC).

Portillo, que realizó la parte analítica del proyecto desde la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) junto a la palinóloga Yolanda Llergo, presentó los primeros resultados científicos del estudio en la Universidad de Reading (Reino Unido) en 2020, cuando ya estaba incorporada en la plantilla de la IMF-CSIC. Ella y su equipo han preparado, entre 2018 y 2019, un novedoso material referencial moderno de heces de ganado bovino, ovino y porcino procedentes de tres fincas agrarias de Mahón, Menorca (Islas Baleares). Las novedades del proyecto son, por un lado, la recogida de muestras fecales durante diferentes estaciones del año para el análisis microscópico de sus contenidos y, por otro, la introducción del cerdo, que no había sido posible estudiar en sus proyectos anteriores en Túnez, Siria y el Kurdistán iraquí (proyecto financiado por la UE Microarchaeodung).

Los bioarqueólogos parten siempre de colecciones referenciales del material estudiado, por lo que este proyecto surge para ofrecer una referencia moderna con la que poder contrastar y estudiar los restos de heces de las excavaciones arqueológicas.

Muestrear, analizar, comparar y contrastar

Marta Portillo cuenta que “el muestreo del estiércol moderno lo llevamos a cabo durante distintas épocas del año para entender los cambios en la gestión ganadera y la dieta de los animales, a través del estudio de microrestos vegetales y fecales, sobre todo de polen y otras micropartículas como las esporas de hongos”. La investigadora añade: “estudiamos los fitolitos depositados en las heces (microfósiles que reproducen la estructura celular de las plantas), así como los esferolitos fecales, microrestos calcíticos que se producen en el aparato digestivo de los animales, especialmente en los herbívoros”.

Aunque las muestras son todas de excrementos actuales, se han encontrado indicadores fecales con antigüedades de entre 3000 y 2000 años en la Menorca talayótica, candidata a Patrimonio cultural de la UNESCO. Entre ellos, por ejemplo, microrestos fecales encontrados en cenizas que podrían sugerir que las heces fueron utilizadas como combustible. De hecho, este uso también está documentado en otras culturas contemporáneas del Mediterráneo y es una práctica que todavía hoy se observa entre las poblaciones rurales.

Muestra de heces de vaca. Otoño 2018.Los resultados del trabajo de campo sirven para comparar los restos fecales actuales con los de épocas pasadas, aunque evitando siempre las analogías directas con sociedades y culturas actuales. La investigación también permitirá dilucidar cómo se llevaba a cabo la gestión ganadera en el pasado, además de dar información sobre el tipo de alimentación, la estacionalidad (gracias a indicadores como los granos de polen y otros microrestos) y los diferentes usos que se le ha dado a los excrementos. Además de abono para el campo o el huerto, para algunas sociedades actuales este material es fundamental como fuente de energía.

Las informaciones obtenidas a través del estudio microscópico de las heces del ganado son, por tanto, también valiosas en materia de medio ambiente y sostenibilidad energética.

Enclave especial en Menorca

Con un rico patrimonio y paisaje rural, Menorca fue declarada como reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1993. Las tres fincas agrarias de Mahón escogidas para el estudio (Algendaret Nou, Talatí de Dalt y Es Capell de Ferro) están en una localización ideal, explica la investigadora, ya que cuentan con importantes asentamientos talayóticos y están próximas a la estación meteorológica, que ayuda a controlar fácilmente las condiciones de precipitación en la zona de estudio, y en las que los cultivos propios se destinan a forraje.

Tetera calentada con heces. Kurdistán iraquí, 2017.La elección de estos enclaves también se debe al tipo de ganado que allí se encuentra: vacas, cabras, ovejas y cerdos, animales todos ellos que desde su domesticación han sido muy importantes en el Mediterráneo. Se espera que los resultados puedan ser, por tanto, útiles para el estudio de otros ecosistemas de la flora mediterránea y para otros períodos históricos.

Además, el entorno de las fincas, explica la investigadora, "daba la interesante posibilidad de observar a estos animales en régimen de semi-libertad, lo cual permite reconocer indicadores de estacionalidad en su dieta".

Portillo destaca la importancia que para este estudio ha tenido el trabajar junto a los propietarios de las fincas y sus familias, de los que han aprendido mucho, y que han abierto sus hogares para enseñarles el funcionamiento de sus explotaciones y los métodos tradicionales que siguen utilizando hoy.

La financiación de este proyecto ha estado a cargo del Consell Insular de Menorca, que tiene como una de sus metas la salvaguarda y difusión del patrimonio histórico. Este proyecto, en concreto, se encuentra dentro de las ayudas del Consell Insular a investigaciones de tipo histórico, arqueológico y paleontológico.

 

Los resultados de “La microarqueología del estiércol a través de la arqueología experimental” fueron presentados por Marta Portillo en una conferencia invitada en el Museo de Menorca, y contaron con la asistencia de algunos de los productores locales, demostrando su interés y compromiso social por las investigaciones arqueológicas y su rico patrimonio ecológico y rural. Los resultados científicos se publicarán en breve y su equipo se encuentra en el proceso de obtención de otros proyectos en la misma zona de estudio.

Junto a Marta Portillo como investigadora principal han sido miembros del proyecto Damià Ramis y Montserrat Anglada, ambos del Museo de Menorca, así como Yolanda Llergo a través de un contrato en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). También han colaborado Antoni Ferrer del Institut Menorquí d’Estudis (IME) y Kate Dudgeon del Departamento de Arqueología de la Universidad de Reading, Reino Unido.

 

Lydia Gallego Barco / Divulgación y Comunicación DICAT-CSIC